Por Francisco Mazzoni
¿Te acordás? La vuelta esa que nos agarraron a todos fumando en la casa del “Casquito”. ¿Qué teníamos? ¿Catorce o quince años? Cómo nos corrió la vieja… Era brava esa Viviana. En realidad, era lo más dulce del mundo, pero imaginate… Con seis críos, cuando agarró al mayor fumando faso con sus “amiguitos” en el galpón, más vale que se le iba a saltar la chapa.
Parece que después de eso, al “Casquito” lo tuvieron más que cortito. Viste que de repente casi ni lo vimos, si apenas iba al colegio y poco más. Me acuerdo cuando la hermana, la Cami, me contó medio como con vergüenza, que además de haberlo fajado de lo lindo, al “Casquito” hasta lo pusieron a laburar en las obras del papá. Complicadazo el viejo ese, ¿te acordás? La Cami me había dicho que no le contara a nadie, porque si no su hermano se moría.
Seguro que te acordás cómo se hizo el que ni nos conocía cuando lo fuimos a ver a la obra. Andaba haciéndose el fuerte ahí, cargando los bolsones de cemento, ladrillos, todo lo que pesara dos veces su peso. El “Casquito” hacía todo lo que el capataz le ordenaba. Lo hacía treparse a los andamios, esos a los que ninguno de los otros obreros se animaban, porque sabían. Ágil como un mono el desgraciado. Viste que por ser el hijo del encargado lo trabajaban más y cobraba menos.
¿Te acordás cuando nos enteramos? Parece que en joda los otros obreros lo habían desafiado a que se subiera a la parte más alta de los andamios, porque desde ahí se veía el baño de la casa de enfrente. Si se subía y sacaba fotos de la pibita, cada obrero le daría la mitad de lo que cobrara ese día. Si no, él no cobraría por el resto del mes. Tan enano cabrón era, que “Casquito” no le podía decir que no a un desafío. Y acordate que si no llevaba la plata a la casa, lo fajaban. Acordate, no podía no cobrar.
¿Y después? ¿Cuándo…“el pajero seguro fue el pendejo”? O cuando dijeron que seguramente el andamio ya estaba en mal estado y que el imprudente había sido él. Los obreros contaron su lado de la historia.
Vos y yo sabemos. Vos y yo sabemos que sus compañeros, celosos de su habilidad o quizás de que el “Casquito” estaba viendo a la pibita en su ducha y ellos no, le empezaron a sacudir el andamio.
Y el “Casquito” cayó, como vos y yo sabemos.
