{"id":718,"date":"2018-11-30T12:13:18","date_gmt":"2018-11-30T12:13:18","guid":{"rendered":"http:\/\/contracorriente.uncoma.edu.ar\/?p=718"},"modified":"2018-12-03T21:26:20","modified_gmt":"2018-12-03T21:26:20","slug":"una-noche-en-la-ciudad-de-cemento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contracorriente.uncoma.edu.ar\/index.php\/2018\/11\/30\/una-noche-en-la-ciudad-de-cemento\/","title":{"rendered":"Una noche en la ciudad de cemento"},"content":{"rendered":"<p>Por Lautaro Mariano Melill\u00e1n<\/p>\n<p>Como siempre ah\u00ed, con la gente, con el pueblo, con lo popular. Como siempre rodeada de gente, en un lago de personas de diferentes ciudades, de diferentes provincias, hasta de pa\u00edses diferentes, todas reunidas ah\u00ed por un solo motivo: aquel 11 de marzo. Ah\u00ed estar\u00eda Luciana, una chica de baja estatura y pelo alborotado, junto a sus amigos \u201cEl Colo\u201d y Ra\u00fal. Ser\u00edan muchos, m\u00e1s de 150 mil personas, como peregrinos a un santuario. Ser\u00eda un lugar sin enemigos, ser\u00eda la patria grande.<!--more--><\/p>\n<p>Guitarra, cantos, escabio y porro. Despu\u00e9s de diecis\u00e9is horas de colectivo, vieron el horizonte, percibieron con sus corazones ricoteros que la misa estaba por comenzar. Luciana, \u201cEl Colo\u201d y Ra\u00fal se separaron de la masa amorfa de camisetas. A ellos se sum\u00f3 \u201cEl Guitarrero\u201d, unos cent\u00edmetros m\u00e1s bajo que ella, medio regordete, con una remera todo menos blanca.<\/p>\n<p>Lluvia desinteresada. Gotas flacas pisaban la tierra mojada de Olavarr\u00eda, anta\u00f1o lugar de trueque de espa\u00f1oles con los pueblos originarios. Tuvieron casi que nadar una hora en esas calles barrosas. No les import\u00f3. Ciudad de pocos habitantes, los mismos vecinos ten\u00edan puestos de comida, alcohol y remeras impregnadas de m\u00fasica. Llegaron al fin. Una fila de carpas hab\u00eda. No hab\u00eda seguridad. Era extra\u00f1o, era una movilizaci\u00f3n gigante. No ped\u00edan entradas. Se cubri\u00f3 la cartera con la campera; no era tonta.<\/p>\n<p>Subi\u00f3 al escenario la raz\u00f3n de su extenso trayecto, con su pelada brillante, anteojos negros y el mameluco que lo caracteriza. Empez\u00f3 a cantar. Empez\u00f3 el pogo. Empez\u00f3 la avalancha. El ruido se mezcl\u00f3 con el ruido. Como siempre, estaban los desmayados. Luciana se meti\u00f3 al pogo junto a los dem\u00e1s en el primer tema, Barba azul. Mientras m\u00e1s canciones pasaban, m\u00e1s cansada por los saltos, sin aire por su estatura y dolorida por unos codazos, manotazos. A su lado se encontraban \u201cEl Colo\u201d y Ra\u00fal. A \u201cEl Guitarrero\u201d no lo ve\u00edan m\u00e1s, se hab\u00eda perdido en la multitud. El cantante termin\u00f3 con un tema cl\u00e1sico pero antes de lo planeado y los tres amigos se fueron apurados porque el cole no los esperar\u00eda demasiado. Cuando partieron, el asiento de \u201cEl Guitarrero\u201d estaba vac\u00edo.<\/p>\n<p>Unas horas despu\u00e9s, el celular de ella agarr\u00f3 un poco de se\u00f1al. Se comunic\u00f3 con su madre, se la notaba preocupada. Hab\u00eda muertos y desaparecidos en el recital. Luciana pens\u00f3 en \u201cEl Guitarrero\u201d, con su f\u00edsico y la borrachera solo se pod\u00eda esperar lo peor. En las noticias, desinformaban, reca\u00eda la culpa sobre la banda; gente que hablaba sin haber estado all\u00ed. Prefiri\u00f3 recordar los buenos momentos de esos d\u00edas, se convenci\u00f3 de que pod\u00eda evitarse algo as\u00ed s\u00f3lo con algunas precauciones. Esto ya lo hab\u00eda vivido antes con otra banda. La m\u00fasica es todo, menos muerte, la m\u00fasica no mata.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lautaro Mariano Melill\u00e1n Como siempre ah\u00ed, con la gente, con el pueblo, con lo popular. 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